lunes, 14 de marzo de 2011

PEDAGOGÍA DE LA TERNURA

Toda relación educativa debe estar envuelta, o debe tener un carácter eminentemente amoroso. En este sentido, la individualidad se sustituye a favor de la colectividad, es decir, de dos o más sujetos que entran en relación, creando una experiencia compartida.

En esta perspectiva se encuentra la pedagogía de la ternura que destaca el elemento amoroso y pone su acento en lo relacional. Esta pedagogía, aplicada en la familia, puede parecer vista como algo muy propio de su identidad, pero esta pedagogía debe aplicarse también en otros ambientes como pueden ser la escuela, los grupos, los centros en general.

Cuando esta educación la dirigimos a los sujetos que en la sociedad viven en la marginación o en la opresión, o incluso a aquellos otros sujetos que los tenemos clasificados porque son delincuentes, antisociales, infractores… nos preguntamos, ¿Es posible aplicarla con ellos?

En estos casos descubrimos la necesidad de que nuestra pedagogía sea una pedagogía revolucionaria y, a la vez, amorosa. ¿Por qué habremos unido, generalmente, la revolución a la violencia y no al amor?

Paulo Freire, en su obra sobre Pedagogía del Oprimido nos dice: “El amor es a la vez la fundación del diálogo y es dialógico en sí mismo. Es así necesariamente la tarea de sujetos responsables y no puede existir en una relación de dominación.

Estoy más y más convencido de que los verdaderos revolucionarios deben percibir la verdadera revolución, dada su naturaleza creativa y liberadora, como un acto de amor… La distorsión impuesta a la palabra amor por el mundo capitalista no puede evitar que la revolución tenga un carácter amoroso…”.

El fundamento de la pedagogía en Muchachos y Muchachas con Don Bosco reside en el amor. El amor al muchacho y a la muchacha es el punto de partida y el corazón de todos nuestros procesos.

Este amor convierte la interacción entre el educador y el educando, en una relación preñada de sentimiento y afectuosidad, es decir, en una praxis de la pedagogía de la ternura.

Amemos a la niña que se nos acerca para vendernos flores, tratemos con cariño al muchacho que nos limpia los vidrios del carro, miremos sonrientes al que nos limpia los zapatos… y se irá desarrollando en nosotros una mentalidad revolucionaria que nos impulsará a cambiar las estructuras de injusticia que hay en nuestra sociedad.

De este modo, estaremos construyendo “La civilización del amor”.
Juan Linares SDB
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